Todo comenzó un buen día en el que estábamos mi criado y yo
paseando por la Pradera de San Isidro, cuando nos encontramos allí a tres
chicas que decían venir de la universidad de Comillas. Al principio pensamos
que todo era un sueño, le dije a mi criado: Estas chicas no son de fiar, que
dicen que viven en el siglo XXI y vienen con unos aparatos llamados cámaras
para grabar. Además, mira con que atuendos más extraños se visten.
Pero tras hablar con ellas decidimos darles un voto de
confianza. Pues bien, nos explicaron que su profesor de recursos tecnológicos
en educación, o algo así… porque usaban un vocabulario que cualquiera les
entendía, les había mandado hacer un trabajo de realidad aumentada, que consiste en aumentar la realidad física
usando técnicas que se mezclan con la realidad virtual. En resumen, nos
contaron que habíamos sido unos afortunados porque después de meditarlo mucho nos
habían elegido para ser los protagonistas de su proyecto.
Aaah y que principalmente nos
seleccionaron porque hacía más de 70 años que había fallecido nuestro padre y
les parecíamos de lo más interesante.
Además, nos explicaron que se habían documentado con
precisión sobre nosotros. ¡Vamos que sabían nuestra vida entera! Quién era
nuestro padre, cuando nacimos, a qué estilo y época pertenecíamos, dónde
habíamos vivido durante todos estos años… parecía que estuvieran haciendo una
crónica nuestra.
Incluso, estuve a punto de sentirme molesta porque
demostraron mucha inquietud por saber más y más, pero mi criado aseguró que
parecían buenas muchachas. Y ya que teníamos el día libre decidimos ayudarles.
Les llevé a mis aposentos y les proporcioné parte de mis
ropas y de las de mi criado para que fueran lo más parecidas posible a
nosotros. Además, hice llamar a mi peluquera para que hiciera un recogido a una
de las chicas. La verdad que no fue nada fácil encontrar ropas similares a las
nuestras, pues con mi estilo francés tengo gran variedad de modelos. Pero
finalmente, entre los atuendos raros que ellas traían y lo que yo les pude
ofrecer… quedaron que ni pintadas, ¡Y nunca mejor dicho!
Esa misma tarde, volvimos a la pradera. Ellas desplegaron una
gran tela verde y al principio me resistí a preguntar, pero como buena dama que
soy no pude por menos de cuestionarlas. Así, me informé de que se trataba de un
material indispensable para hacer un croma, por lo visto una de las partes necesarias
para poder lograr el trabajo de realidad aumentada.
En seguida, se colocaron delante de nosotros y por arte de
magia desaparecimos. Por un momento me asusté, pero fue cuestión de poco rato.
Al minuto o así terminaron su discurso acerca de nuestra vida y de la de
nuestro padre Goya. Tras esto, gracias a Dios volvimos a nuestro lugar y las jóvenes
nos agradecieron haber colaborado en su proyecto.
Según las pude oír, hablaban de que había sido una
experiencia genial. Estaban fascinadas con los resultados obtenidos y se
planteaban lo bien que se lo podrían pasar sus alumnos realizando un trabajo
como ese en sus aulas. Estaban convencidas de que aparte de que hubiera sido
una vivencia muy buena, habían aprendido cultura de otras épocas y a hacer una
investigación no sólo sobre la biografía de un personaje, sino también sobre
sus estilos artísticos y algunas de sus obras más representativas. Finalmente, nos
dijeron que creían que había sido un buen proyecto para fomentar el trabajo en equipo,
porque sin la colaboración de todos los componentes del grupo no se hubiera
podido lograr.
Bueno y hasta aquí puedo contaros. Estoy encantada de haber
podido participar en este trabajo de realidad aumentada. Las aulas se renuevan
y los maestros también debemos hacerlo.
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